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Liderazgo

Miércoles 22 de Noviembre de 2006.-

En ese marco equilibrado de derechos y deberes, se encuentra la justificación de que un líder, un dirigente político, un jefe religioso; un empresario, un jefe de Gobierno, etc, tiene mayores derechos que sus subalternos, en el sentido que también tiene mayores responsabilidades. El máximo representante goza de mayor usufructo, privilegios y respeto; pero es la persona encargada y máximo responsable de mantener con éxito y prosperidad el ente que preside y de resolver en primera instancia, las crisis que se presenten. Puede designar subalternos – incluso envestidos de poder – pero no puede evadir la responsabilidad de un fracaso, aún no participando directamente en el caso complicado, ya que no se falla, únicamente por acción, sino también por omisión, por tolerancia, por descuido, por dejadez, por mala escogitación, etc.
…Lo vemos en todo el reino animal. En los cánidos que hacen manadas: lobos, coyotes, perros salvajes, etc, el macho alfa domina la manada, pero responde por ella. En la familia de leones; las leonas cazan y el macho dominante come primero; pero es el que defiende la familia y se enfrenta a cualquier macho retador o dirige la caza cuando la presa es poderosa y se arriesga. La abeja reina (y básicamente la reina en todos las colonias de insectos: hormigas, zompopos, termitas, etc.) es cuidada y alimentada, pero permanece inmóvil, y prácticamente cautiva produciendo huevos que generan nuevas crías, etc. No existe un aprovechamiento absoluto de ningún dominante en el reino animal. El principio de lo mío, mío y lo tuyo, de los 2, pero primero yo me sirvo, es una desviación básicamente humana.
Un caso muy pintoresco lo constituye el mandril o su pariente próximo el papión o pabián. Estos se constituyen en Colonia de monos donde el jefe máximo o macho dominante es un dictador que goza de abundantes privilegios, incluso la de tener un harén, tener guardaespaldas que le sirven y acicalan y de sentarse más arriba que todos. Si un lugarteniente que se encuentre cerca de él para servirlo, se levanta sin intención, un poco más alto que él, recibe una fuerte reprimenda. Por el otro lado, si lo hace voluntariamente significa reto y el desafío es en la práctica muchas veces mortal.
Este es el momento del goce de derechos del dirigente máximo, por encima de todos los miembros de la colonia…
Pero en las situaciones de peligro, es donde el binomio beneficio – responsabilidad se equilibra y el “jefe” actúa en concordancia.
Un caso bastante común es el ataque a mandriles o papiones pequeños por leopardos, que estos encuentran en ellos un suculento manjar.
El mono dominante tiene que ejercer su liderazgo y se lanza sobre el leopardo atacante en una pelea a muerte. El leopardo al ser atacado suelta a la cría, quien muchas veces se salva; y en su lucha también permite que toda la colonia de simios huya con éxito. Generalmente el leopardo gana la batalla y la muerte del mono líder, en el cumplimiento del deber no fue en vano. Sin embargo, no son raros los casos donde hay un empate y hay casos, aunque raros donde el leopardo pierde. Eso es un ejemplo claro de lo que representa ser un líder.
Privilegios por un lado y responsabilidad – por el otro – incluso hasta el sacrificio.
¿Qué pasaría si un macho dominante abandona su responsabilidad a la hora de enfrentarse al peligro?
No hay duda de que no solo sería derrocado; sino que sería aniquilado por sus mismos seguidores.
¿Y los seres humanos?
En la antigüedad los grandes gobernantes eran a su vez comandantes de sus ejércitos e iban a las batallas en la primera línea de sus propios batallones. Los dirigentes religiosos detentaban mucho poder, pero morían irremediablemente pobres o viviendo con lo absolutamente necesario, no por desgracia sino por sacrificio voluntario; por otro lado, los dirigentes políticos eran verdaderos servidores públicos en el sentido de servir al pueblo y no servirse de él.
Ahora, es generalmente diferente, salvo excepciones. Paul Valery lo definió brillantemente al considerar las guerras de Hoy.
…La guerra es una masacre entre gente que no se conoce para provecho de gente que sí se conoce, pero no se masacra…
Los Gobiernos ahora mandan a los soldados a los frentes de guerra, pero ellos ni siguieran visitan los frentes de batalla.
Un principio para determinar si una guerra merece ser librada es considerar si vale la pena enviar a nuestros hijos a pelear en ella y por ella.
Lo vemos con los 2 nietos de la Reina Isabel de Inglaterra. Según aseguró el Diario Daily Mail el príncipe William cambiará su uniforme del ejército británico por el de un guardabosques oficial, posiblemente del Gran Parque de Windsor de la Reina Isabel II, su abuela. Por el otro lado su hermano Harry, no será enviado a Afganistán o Irak ya que la Armada Británica teme por la vida del Príncipe, aunque él ha insistido en repetidas ocasiones su deseo de ir. Como este caso hay muchas en la historia. Cuando algunas veces van, no son puestos al frente de batalla, sino en funciones administrativas.
Por otro lado, y aún lejos del conflicto armado, cuando hay fallas, o errores, o asesinatos, o delitos, o faltas, o corrupciones evidentes; siempre es culpable el eslabón más débil y cuando la presión es más fuerte, se sube en la escala pero siempre se queda corto; ya que nunca se llega al primero de la lista, el verdadero responsable, por acción u omisión.
En los altos niveles siempre se tatarea la consabida canción:
Yo no fui, fue teté, pégale, pégale que ella fue, y a veces vemos a los chivos expiatorios, como un premio parcial a la insistencia ciudadana.
¿Cuándo veremos a los eslabones más fuertes?
El dirigente mediocre, el líder incompleto, es grande mientras detenta el poder; pero se vuelve pequeño al terminársele. El verdaderamente grande es aquel que sigue siendo grande aún perdiéndolo y finalizando su mandato; y aún después de muerto, la historia con el tiempo lo engrandece aún más.