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El Rey está desnudo

Lunes, 31 de diciembre de 2007.

Hans Christian-Andersen, es el escritor más universal de Dinamarca, nacido el 02 de abril de 1805, sus obras, principalmente cuentos, han sido traducidas a 146 idiomas. Entre ellas: La Sirenita (que constituye a su vez el símbolo escultórico de Copenhagen, la capital de Dinamarca; El Soldadito de Plomo; el Patito Feo, La Niña de los Fósforos; La Reina de las Nieves; El Niño Moribundo, El Improvisador y muchas obras más.

Su obra “El Traje nuevo del Emperador” (conocido también como “EL Rey está Desnudo”, es una obra maestra, que se convirtió en sinónimo de la vanidad humana y un aviso claro para los que detentan el poder, que no se desubiquen por los aduladores - que abundan en estas esferas – y se crean investidos de divinos poderes. Ser grande y al mismo tiempo humilde, es la más grande de las virtudes. He aquí su argumento resumido:

Hace muchos años había un Emperador vanidoso que se creía lo mejor del mundo. Nadie osaba contradecirle. No soportaba crítica alguna. El era todo: El más capaz, el más elegante, el más apto. Tenia una afición desmedida por la ropa nueva y le gustaba exhibirla y exhibirse.

Un día llegaron 2 estafadores haciéndose pasar por tejedores, asegurando que podían tejer la más maravillosas telas.

No sólo los colores y diseños eran hermosísimos, sino que las prendas confeccionadas por dichas telas poseían la curiosa disposición de ser invisibles ante los ignorantes, o ineptos o irremediablemente tontos.

¡Deben ser magníficos vestidos, pensó el Emperador! Si los tuviese podría averiguar que funcionarios del reino son ineptos o ignorantes. Podría distinguir entre los inteligentes y los tontos. Sin darse cuenta que el más tonto era él, al creer en semejante mentira.

Mandó a los dos pícaros a hacer la tela y les adelantó una considerable suma en efectivo.

Ellos montaron un telar y simularon que trabajaban, pero no tenían nada en la máquina. A pesar de ello se hicieron suministrar las sedas más finas y el oro de mejor calidad, el cual se embolsaban, mientras aparentaban que trabajaban en los telares vacíos.

“Me gustaría saber si avanzan con la tela” dijo el Rey y envió a su Ministro más cercano, el cual al acercarse no vio nada. El Ministro pensó: Ni tonto voy a contradecir al Rey; y el empleo que tengo no lo suelto. Y se deshizo en alabanzas de la tela que no veía.

…El emperador envió luego a otros funcionarios, los cuales – unos por seguirle la corriente (los pícaros) y otros más ignorantes, para que no se dieran cuenta que por tontos, no la veían – manifestaban lo admirable de la tela. Una hábil propaganda hizo que todos los pobladores hablaran de la magnífica tela del Emperador.

Al final éste se dispuso a ver la tela con todo su séquito, los cuales, por algunas de las razones anteriormente expuestas aplaudían la tela.

¿Cómo, pensó el Emperador? ¡Yo no veo nada! Esto es terrible! ¿Seré tonto? ¿Acaso no sirvo para Emperador? ¡Sería espantoso!

¡Oh si, es muy bonita! dijo. Me gusta, la apruebo. Y con un gesto de agrado miraba el telar vacío. No quería confesar que no veía nada. ¡Es preciosa, elegantísima, estupenda! Eso, corría de boca en boca y todo el mundo parecía extasiado con ella.

Esa noche, “los pícaros” trabajarían “la tela” y “harían” el traje del Emperador. Al día siguiente, llegó el Emperador en compañía de sus máximos allegados; y los 2 truhanes, levantando los brazos, como si sostuviesen algo, dijeron:

…Estos son los pantalones. Ahí está la capa. Aquí tenéis el manto. Las prendas son ligeras, como su fuesen telaraña; uno creería no llevar nada sobre el cuerpo; más precisamente esto es lo bueno de la tela., dijeron

Sí, asistieron todos los cortesanos, a pesar de que no verían nada, pues nada había.

¿Quiere dignarse vuestra Majestad quitarse el traje que lleva, dijeron los 2 bribones, para que podamos vestiros el nuevo, delante del espejo?

Se quitó el Emperador sus prendas, aunque suponemos que no los calzoncillos, y los 2 simularon ponerle las diversas prendas del vestido nuevo. ¡Dios y qué bien le sienta! ¡Le va estupendamente! ¡Que preciosos los vestidos del Emperador! ¡Que hermoso es todo! Nuestro Emperador es el mejor del mundo: El más elegante, el más distinguido, el más sabio, el mejor orador, el más bueno…

… El Emperador ya se creía todo: De una mentira repetida muchas veces, algo queda. Y si se tiene megalomanía o complejo de superioridad, queda todo. Además, la propaganda repetida, crea ilusiones. Y al final se cree todo…

Y así, a los pícaros que sabían que todo era una farsa y que adulaban al Emperador y a los tontos e ignorantes, que aunque no veían nada, decían que veían para no demostrar su torpeza; se unían: los que les gusta ser rebaño y pensar siempre con la cabeza de otros y los que sucumben a la mentira propalada muchas veces que termina para ellos siendo verdad. En este último caso se encontraba el Emperador, con una característica secundaria original; el gusto por la adulación. ¿A quién no le gusta ser distinguido, elegante, culto e inteligente? Los aduladores existen y se multiplican, porque a los adulados les gusta creer sus fantasías.

¡Pero si no lleva nada! Exclamó de pronto un niño!…

… ¡Pero si no lleva nada, gritó al fin el pueblo entero…

La mentira tiene patas cortas y la verdad, tarde o temprano siempre la alcanza…

Aquello inquietó al Emperador. ¿El pueblo tendría razón? Más pensó: hay que aguantar hasta el fin y siguió más altivo que antes y los ayudantes continuaron sosteniendo la cola del inexistente vestuario… ¿Qué pasó después? El cuento allí termina. Este cuento no tiene un final contundente. Puedo ponerle un final que encaje; pero prefiero, en estos tiempos donde todo el mundo habla de democracia; que cada estimado tele-audiente le ponga el desenlace que desee.

Sólo un final consejo para todos, los que en alguna forma detentan el poder: Todos los días hay que lavarse simbólicamente las manos, cerebro y corazón, ya que el poder, es viscoso y se adhiere.

Hay que tratar de que el poder no nos pierda y desubique, y también hay que recordar que todo poder termina más temprano que tarde.

Entendimiento Religioso

Viernes, 28 de diciembre de 2007.


El mundo entero – y nuestro querido país no es la excepción – no es lugar de armonía, comprensión y tolerancia, si no todo lo contrario.

Es vivero de división, de violencia, de desunión, de guerra, de destrucción, de injusticia, de intransigencia. Y estos enfrentamientos no sólo se dan en los campos financieros, económicos o políticos, si no incluso, y últimamente con mayor incidencia en lo religioso. A veces se atenta derramando sangre; pero otras veces, utilizando tinta.

Por eso, bien se dice que “la palabra es más poderosa que el cañón”. De allí es que hay que ser muy cuidadoso a la hora de restañar viejas heridas, sobre todo, cuando se consideraban definitivamente superadas.

…Hans Küng, teólogo e historiador de las religiones, colega y amigo durante años del Cardenal Ratzinger (hoy Papa Benedicto XVI) en la Universidad Alemana de Tubinga, manifiesta sus famosas frases programáticas: “No habrá paz entre naciones sin paz entre las religiones. No habrá paz entre las religiones sin diálogo entre las religiones. No habrá dialogo entre las religiones si no se investigan los fundamentos de las religiones. Y a eso agrega: El problema que se presenta es el fanatismo religioso, el cual se encuentra en todas las religiones y yo agrego, y también entre los que no creen en ellas.

“Si estoy sentado a la misma mesa continúa diciendo Hans Küng con judíos y musulmanes, tengo que partir de que cada una de las 3 religiones es para sus seguidores una religión verdadera. Eso tengo que aceptarlo también como cristiano”, y luego agrega:

“Si se adopta la perspectiva interna, está claro que cada uno de los representantes de estas religiones tiene, al igual que yo, su propia convicción y fe, una convicción que bajo ningún concepto querría sacrificar simplemente por amor a la paz. Para mí, como cristiano, dice Hans Küng, Jesucristo significa “el camino, la verdad y la vida”, pero al mismo tiempo reconozco que “el camino, la verdad y la vida” son para el judío, la Torá y para el musulmán, el Corán. De esta manera es posible una convivencia basada en el mutuo respeto”…

Por el contrario, el fanatismo es causa de toda la violencia. Los fanáticos que creen únicamente en su fe o sus principios y no toleran que otros piensen diferentes a ellos, están perdidos; y por sus métodos desproporcionados y violentos, están afuera incluso del mismo grupo religioso, que dicen representar. En esta vorágine de negatividades, tanto más necesario se hace, que los dirigentes religiosos orienten a sus seguidores en un camino de paz y tolerancia; y antes que eso, traten de obtener un sólido y adecuado conocimiento mutuo; porque muchas veces la ignorancia revestida de sabiduría, es la causa primera de la intolerancia. Fuera de ello, es necesario que los medios de comunicación informen con objetividad sobre las religiones y no de manera tendenciosa, como por desgracia sucede hoy a menudo en los medios occidentales, es especial en lo que respecta al Islam; quien ahora ocupa el lugar de los judíos, quienes antes eran acusados injustamente e incluso perseguidos.

Ahora nuevamente, con la renovada tendencia de aplicar a los judíos, el injusto apelativo de pueblo deicida, (mataron a Dios) sin serlo, que en el pasado fue esgrimido, sobre todo en la Europa cristiana. De esa forma, al señalar nuevamente a los judíos, se mantiene la dupla de señalados históricos: Judíos y musulmanes, dando paso a una Europa, unida políticamente a través de un “cristianismo” nominal, no religioso... Esto es peligroso y no debe fomentarse…

Es necesario y más que eso, es esencial; evitar la intolerancia religiosa; buscando los puntos de concordia entre nuestras diferencias; empezando con el acercamiento, tolerancia, solidaridad y hermandad entre los líderes religiosos de las diferentes denominaciones; para luego como buen ejemplo se traslade a los demás miembros de nuestras Comunidades. Dejando a un lado el sectarismo fanático y el dogmatismo ciego; trayendo un poco de unión, en nuestro mundo en crisis, dividido y confrontado. Como una demostración manifiesta de paz, para ser puesta como ejemplo y referencia a nivel mundial.

Fuera de ello, estamos concientes que el amor de Dios se complementa con el amor a la Patria; así que mejorar nuestras relaciones internas no es suficiente. Debemos tratar de colaborar en la solución de la problemática nacional con crítica constructiva y predicando con el ejemplo.

La ley de Dios y de los profetas base del islamismo y del judaísmo nos indica que tenemos que realizar buenas obras. En el Nuevo Testamento, base de todas las religiones cristianas, incluyendo la católica, se lee en Felipe, que la fe sin obras, no vale nada.

La sumatoria de las acciones positivas en absoluta convergencia, nos daría un comportamiento colectivo ejemplar.

Pedimos a Dios, que la tolerancia religiosa prospere y se fomente y se transmita a otros sectores de la vida nacional, incluyendo la política.

…Las iglesias de todas las denominaciones están para guiar a la otra vida en forma positiva a sus correligionarios; pero también en velar por ellos en ésta y para ayudar a todos nuestros hermanos necesitados aunque sean de otras religiones; ya que son también ellos, nuestro prójimo. Amén…

¿Renacimiento o Destrucción de la Humanidad?

Jueves, 27 de diciembre de 2007.


Tenemos un futuro incierto, motivado en gran medida, en la dificultad de razonar en nuestro mundo presente.

¿Nuestro mundo está en crisis? ¿O está en evolución? ¿En progreso? ¿O en retroceso?

Si nos dificulta determinar ¿Qué somos? Como podremos esbozar al menos en el ¿A dónde vamos?

Las incertidumbres y el azar se multiplican en todas partes. Hay crisis de valores; ruptura de regulaciones; problemas económicos, profundización de los antagonismos; polarización de las posiciones, etc., y la magnitud del problema nos indica claramente que estos no son focalizados, sino que tienen dimensión planetaria.

Nuestra “civilización” ha producido nuevas formas de destrucción y muerte, pero no por ello ha reducido las formas tradicionales, sino que las ha avivado y asociado con ellas.

En la crisis del mundo, que no es capaz de ser un solo mundo. Somos una sola Humanidad, pero nos seguimos dividiendo e incluso atomatizando nuestro planeta, que no es más que un punto pequeñísimo en la dimensión del espacio; que se subdivide a su vez en porciones cada vez más pequeñas, que nosotros las consideramos grandes, debido a nuestra propia pequeñez.

Hemos entrado aún más en la oscuridad de la noche, desde cuando Heidegger decía: “Nuestro tiempo está en lo más profundo de la noche del mundo, y de la penuria”.

Vivimos en un mundo de contrastes: Entre más pequeño es el Big Bang, el punto inicial en la creación de nuestro Universo, más grande es el tamaño de la expansión. Sólo si el Big Bang fue cero, la expansión sería infinita. Los extremos se unen.

Entre más oscura es la noche; más brillante será el despertar.

Es al decir de Novalis, cuando soñamos que soñamos estamos más próximos al despertar.

No sabemos si hemos entrado al nacimiento o a la muerte de la Humanidad. Tenemos así que estar preparados a esperar, y a desesperar. Por una parte, la Humanidad puede fácilmente auto-destruirse, pero también puede, material y técnicamente, mejorarse y autorealizarse.

La Biblia reconoce, al igual que El Corán, que vendrán tiempos difíciles, el Apocalipsis; pero luego vendrá el renacer espiritual y llegarán tiempos de paz y amor.

La esperanza es la última virtud que desaparece. Incluso cuando muere, nace de nuevo.

En este nuestro mundo, tan complejo y; en un proceso de renovación constante; el ser humano no puede ser juguete de tantas incertidumbres y de tantos conocimientos. Tenemos que tener fe en las cosas nuevas, pero es necesario tener la capacidad para crearlas, pero también, el poder suficiente para controlarlas. Tenemos que desarrollar todo aquello que haga prevalecer nuestra grandeza. Como el mismo Fausto de Goethe lo decía: “Hay que aspirar siempre a la más alta existencia”.

Hace 20 siglos, Cristo proclamó la igualdad ontológica entre todos los seres humanos. El Corán también reconoce que todos los seres humanos somos iguales ante Dios y que no existe la Supremacía racial. Sin embargo, en la práctica es en el Islam donde la discriminación racial ha sido totalmente anulada, el cual al decir de Arnold Toynbee, famoso historiador británico; “este es uno de los logros más notables del Islam y en el Mundo contemporáneo existe una necesidad imperante de propagar esta virtud islámica”.

Es cierto que todavía existe el racismo, ese mito de las razas superiores, donde fácilmente se establece una distinción preconcebida entre dominantes y dominados. Conquistadores y esclavos. Amos y sirvientes y lo que es peor, en una dicotomía basada en la raza y olvidándose que:

Buenos, regulares y malos y también inteligentes, normales y tontos hay en todas las razas y todos los estratos.

Es cierto que hay razas actualmente más desarrolladas que otras, pero eso es tan solo cierto, si analizamos un punto tangencial de la historia. Si analizamos ésta, en una línea contínua a través del tiempo, nos daríamos cuenta fácilmente que todas las razas han tenido y tendrán su normalidad, progreso y decadencia.

Jaspers en su estudio sobre la libertad decía que no pretendamos tener la verdad absoluta, porque entonces destruiríamos la libertad humana; pero también debemos recordar que el miedo y la angustia no son buenas actitudes: Grave es la ciega obediencia de los débiles, que engendra tiranías diversas y que diviniza a los hombres, a las razas, a las escuelas científicas, a la técnica y a la materia.

Si creemos en Dios ya no es posible endiosar a los hombres, a las razas y a los países. “No debemos sentirnos superiores, pero tampoco considerarnos inferiores; ni tampoco ver inferiores a los demás”. Debemos también recordar que un marcado instinto de superioridad se fundamente muchas veces en un complejo de inferioridad; no siempre evidente. Sería ideal que todos enterráramos tanto, la codicia exagerada como la potencialización excesiva sobre nuestros intereses personales y sectarios y trasmutáramos la envidia por la caridad; el fanatismo por la tolerancia; el racismo por el humanismo y trabajáramos en unidad o al menos en convergencia por el engrandecimiento de nuestra Patria. Hora es que los salvadoreños transformemos nuestros pecados en virtudes…

No tenemos conciencia solidaria y muchas veces tratamos de apagarle la luz al contrario, para brillar más nosotros. En las noches sin luna; una luciérnaga parece un sol en miniatura. Nuestra carrera no es de ganar por contraste, sino en la de sumar esfuerzos, como en una carrera de relevos. Abundan los nacionales de mente colonial, inclinados en la más vil servidumbre ante el extranjero poderoso: Nos sentimos colonia añorando el pasado; o incluso, anexados a los Estados Unidos, en un deseo histórico permanentemente mantenido a través de la historia y en los tiempos presentes.

No es correcto: ni la xenofobia, ni el chauvinismo (sintiendo que solo lo nuestro vale); pero tampoco ni el servilismo ni el malinchismo (la entrega servil a gobiernos extranjeros).

Somos salvadoreños de diferentes extracciones raciales, totalmente mezclados como lo son todas las razas del mundo, orgullosos de nuestra sangre y reconociendo que las razas que conforman nuestro mestizaje son a su vez participantes con su propio mestizaje.

Renán decía que la nacionalidad, la patria, nace de haber hecho en el pasado grandes cosas juntos, pero sobre todo el deseo de quererlas hacer nuevamente en el porvenir. Esto es, Historia y Destino. Debemos también recordar que ninguna inquisición puede encadenar pensamiento y vocablo. Y que el miedo excesivo, disfrazado de prudencia, es letra muerta.