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Miercoles, 3 de enero de 2007

Existe la tendencia en nuestro mundo de repetir lo que otros dicen, sin sinquiera analizarlo. Y lo aceptamos con naturalidad, como si fuera la absoluta verdad, sin la más mínima duda ni la sana crítica; peor aún, si se trata de escritores o científicos de renombre y aún más, extranjeros. A veces aceptamos frases históricas de personajes deslucidos, que la historia los ha hecho aparecer como grandes; totalmente ajenas a la verdad o apartadas de la realidad. Sin percatarnos si están acordes con nuestro pensamiento personal:
¡Una gran escritora dijo!; ¡Un investigador de renombre afirma!; ¡Un científico manifiesta, etc! y la pregunta obligada. Y ¿Qué pensamos nosotros? ¿ Cuál es nuestra opinión personal? ¿Cuál es nuestra propia perspectiva?
Tenemos que aprender a pensar por nosotros mismos y no con la cabeza de otros. La sumisión ideológica nos somete, nos esclaviza y nos encadena aún más que enormes cadenas de acero.
A manera de ejemplo mencionaremos algunas equivocaciones históricas de grandes personajes para que aprendamos a dudar:
“Condenamos a Giordano Bruno a morir en la Hoguera, por afirmar el error científico que la tierra no es el centro del Universo y que se mueve alrededor del sol. Santa Inquisición.

No hay el menor indicio que se pueda obtener alguna vez energía, a través del átomo. Albert Einstein.

Todas las leyes y hechos más fundamentales de la física han sido ya descubiertos. Albert Michelson (1904).

Concedo tan poco credibilidad a la teoría de la relatividad como a la existencia de los átomos. Ernest Mach.

El mono es una forma degradada que ha descendido del hombre. El asno ha descendido a partir del caballo. George de Bufón (1750)

Existe en alguna parte alguien tan idiota, para creer que haya gente que esté con los pies opuestos a los nuestros, sus piernas en el aire y sus cabezas colgados hacia abajo. En donde los árboles crezcan hacía abajo y la lluvia y la nieve caigan hacia arriba. Esas absurdas ideas son el resultado de la loca noción de que el mundo es redondo. Firmianus Lactantius (Siglo IV) Tutor de Crispus, hijo de Constantino el Grande.

La luz viaja en el agua, más rápidamente que en el espacio vacío. Isaac Newton.

Las probabilidades del aeroplano se han agotado. Thomás Alva Edison.

Rechazo por completo la teoría atómica de Dalton. Sir Humphry Davy.

La república no necesita científicos. Jean Paul Marat (1790).

Tuve la idea de un tipo de pluma nuevo, que utilizará una bola en lugar de una plumilla, pero determiné que no funcionaría y abandoné el proyecto. Chester Carlson. – Inventor de la copiadora Xerox; abandonando el bolígrafo.

El tratamiento antirrábico de Pasteur es inútil, peligroso y está deprovisto de valor científico. Profesor Peter.

No creo que las ondas inalámbricas que he descubierto tengan alguna aplicación práctica. Rudolf Hertz.

Los rayos ultravioletas ejercen una influencia tonificante sobre nuestra salud. Sir Arthur Thompson.

La guerra es una reliquia bárbara que pronto desaparecerá, como el duelo. Lord Kelvin (1866).

El corazón es la sede de la inteligencia. Aristóteles.
Esta es la mayor tontería que hemos hecho nunca. La bomba atómica no podrá estallar y hablo como experto en explosivos. Almirante William Leary (1945).

Los automóviles costarán $200 en 1960.
General motors en 1939.
La tierra fue creada en el año 4004 antes de Cristo. Obispo James Ussher.
El espacio entre la luna y la tierra está lleno de aire. Aristóteles.
La sangre mata los bacilos sin ninguna ayuda de los glóbulos blancos”. George Bernard Shaw (1898).

Podemos continuar indefinidamente, pero el programa se termina.
Una última conclusión. Si los grandes se equivocan; ¿Cómo podemos aceptar como verdades absolutas posiciones de deslucidos personajes, aunque se crean grandes escritores, o brillantes emperadores o acuciosos investigadores?...

Martes, 2 de enero de 2007

Tenemos un futuro incierto, motivado en gran medida, en la dificultad de razonar en nuestro mundo presente.
¿Nuestro mundo está en crisis? ¿O está en evolución? ¿En progreso? ¿O en retroceso?
Si nos dificulta determinar ¿Qué somos? Como podremos esbozar al menos en el ¿A dónde vamos?
Las incertidumbres y el azar se multiplican en todas partes. Hay crisis de valores; ruptura de regulaciones; problemas económicos, profundización de los antagonismos; polarización de las posiciones, etc., y la magnitud del problema nos indica claramente que estos no son focalizados, sino que tienen dimensión planetaria.
Nuestra “civilización” ha producido nuevas formas de destrucción y muerte, pero no por ello ha reducido las formas tradicionales, sino que las ha avivado y asociado con ellas.
En la crisis del mundo, que no es capaz de ser un solo mundo. Somos una sola Humanidad, pero nos seguimos dividiendo e incluso atomatizando nuestro planeta, que no es más que un punto pequeñísimo en la dimensión del espacio; que se subdivide a su vez en porciones cada vez más pequeñas, que nosotros las consideramos grandes, debido a nuestra propia pequeñez.
Hemos entrado aún más en la oscuridad de la noche, desde cuando Heidegger decía: “Nuestro tiempo está en lo más profundo de la noche del mundo, y de la penuria”.
Vivimos en un mundo de contrastes: Entre más pequeño es el Big Bang, el punto inicial en la creación de nuestro Universo, más grande es el tamaño de la expansión. Sólo si el Big Bang fue cero, la expansión sería infinita. Los extremos se unen.
Entre más oscura es la noche; más brillante será el despertar.
Es al decir de Novalis, cuando soñamos que soñamos estamos más próximos al despertar.
No sabemos si hemos entrado al nacimiento o a la muerte de la Humanidad. Tenemos así que estar preparados a esperar, y a desesperar. Por una parte, la Humanidad puede fácilmente auto-destruirse, pero también puede, material y técnicamente, mejorarse y autorealizarse.
La Biblia reconoce, al igual que El Corán, que vendrán tiempos difíciles, el Apocalipsis; pero luego vendrá el renacer espiritual y llegarán tiempos de paz y amor.
La esperanza es la última virtud que desaparece. Incluso cuando muere, nace de nuevo.
En este nuestro mundo, tan complejo y; en un proceso de renovación constante; el ser humano no puede ser juguete de tantas incertidumbres y de tantos conocimientos. Tenemos que tener fe en las cosas nuevas, pero es necesario tener la capacidad para crearlas, pero también, el poder suficiente para controlarlas. Tenemos que desarrollar todo aquello que haga prevalecer nuestra grandeza. Como el mismo Fausto de Goethe lo decía: “Hay que aspirar siempre a la más alta existencia”.
Hace 20 siglos, Cristo proclamó la igualdad ontológica entre todos los seres humanos. El Corán también reconoce que todos los seres humanos somos iguales ante Dios y que no existe la Supremacía racial. Sin embargo, en la práctica es en el Islam donde la discriminación racial ha sido totalmente anulada, el cual al decir de Arnold Toynbee, famoso historiador británico; “este es uno de los logros más notables del Islam y en el Mundo contemporáneo existe una necesidad imperante de propagar esta virtud islámica”.
Es cierto que todavía existe el racismo, ese mito de las razas superiores, donde fácilmente se establece una distinción preconcebida entre dominantes y dominados. Conquistadores y esclavos. Amos y sirvientes y lo que es peor, en una dicotomía basada en la raza y olvidándose que:
Buenos, regulares y malos y también inteligentes, normales y tontos hay en todas las razas y todos los estratos.
Es cierto que hay razas actualmente más desarrolladas que otras, pero eso es tan solo cierto, si analizamos un punto tangencial de la historia. Si analizamos ésta, en una línea contínua a través del tiempo, nos daríamos cuenta fácilmente que todas las razas han tenido y tendrán su normalidad, progreso y decadencia.
Jaspers en su estudio sobre la libertad decía que no pretendamos tener la verdad absoluta, porque entonces destruiríamos la libertad humana; pero también debemos recordar que el miedo y la angustia no son buenas actitudes: Grave es la ciega obediencia de los débiles, que engendra tiranías diversas y que diviniza a los hombres, a las razas, a las escuelas científicas, a la técnica y a la materia.
Si creemos en Dios ya no es posible endiosar a los hombres, a las razas y a los países. “No debemos sentirnos superiores, pero tampoco considerarnos inferiores; ni tampoco ver inferiores a los demás”. Debemos también recordar que un marcado instinto de superioridad se fundamente muchas veces en un complejo de inferioridad; no siempre evidente. Sería ideal que todos enterráramos tanto, la codicia exagerada como la potencialización excesiva sobre nuestros intereses personales y sectarios y trasmutáramos la envidia por la caridad; el fanatismo por la tolerancia; el racismo por el humanismo y trabajáramos en unidad o al menos en convergencia por el engrandecimiento de nuestra Patria. Hora es que los salvadoreños transformemos nuestros pecados en virtudes…
No tenemos conciencia solidaria y muchas veces tratamos de apagarle la luz al contrario, para brillar más nosotros. En las noches sin luna; una luciérnaga parece un sol en miniatura. Nuestra carrera no es de ganar por contraste, sino en la de sumar esfuerzos, como en una carrera de relevos. Abundan los nacionales de mente colonial, inclinados en la más vil servidumbre ante el extranjero poderoso: Nos sentimos colonia añorando el pasado; o incluso, anexados a los Estados Unidos, en un deseo histórico permanentemente mantenido a través de la historia y en los tiempos presentes.
No es correcto: ni la xenofobia, ni el chauvinismo (sintiendo que solo lo nuestro vale); pero tampoco ni el servilismo ni el malinchismo (la entrega servil a gobiernos extranjeros).
Somos salvadoreños de diferentes extracciones raciales, totalmente mezclados como lo son todas las razas del mundo, orgullosos de nuestra sangre y reconociendo que las razas que conforman nuestro mestizaje son a su vez participantes con su propio mestizaje.
Renán decía que la nacionalidad, la patria, nace de haber hecho en el pasado grandes cosas juntos, pero sobre todo el deseo de quererlas hacer nuevamente en el porvenir. Esto es, Historia y Destino. Debemos también recordar que ninguna inquisición puede encadenar pensamiento y vocablo. Y que el miedo excesivo, disfrazado de prudencia, es letra muerta.

Lunes, 1 de enero de 2007

Nuestro mundo, la Tierra, considerando el desarrollo socio-económico de los países que lo conforman y su sistema político se dividía en el reciente pasado en tres mundos: Primer mundo: Las potencias económicas y el mundo desarrollado capitalista. Segundo mundo: Rusia y las naciones desarrolladas socialistas y Tercer mundo: Las naciones subdesarrolladas, o dichos en términos optimistas: Las naciones en vías de desarrollo.
De acuerdo a la clasificación actual: China, la India, Brasil; México. Estarían a la par de El Salvador, Nicaragua, Haití, Etiopía, etc. Una confusa aberración.

Con la reciente tendencia a la globalización y la finalización del conflicto Este-Oeste y la Guerra Fría (que sólo ha quedado en escasos países y en la mente de pocas personas del tercer mundo); con el desarrollo de potencias emergentes como China, India, Brasil, etc., y con la desaparición del segundo mundo como bloque, la clasificación anterior ha quedado obsoleta y se propone una nueva clasificación de cinco mundos.

Primer mundo: Las potencias económicas mundiales

Segundo mundo: El resto del mundo desarrollado;

Tercer mundo: las naciones emergentes con alto porcentaje de crecimiento económico, en proceso de desarrollo acelerado pero todavía con problemas de desarrollo social. (Ejemplo: China, India, Brasil) naciones en vía de desarrollo acelerado.
Cuarto mundo: Naciones con cierto grado de desarrollo y con un crecimiento lento de economía y de desarrollo social. Naciones en vía de desarrollo.

Quinto Mundo: Naciones pobres y atrasadas del planeta con crecimiento cero o negativo, son las naciones subdesarrolladas (crecimiento estático) y a veces, con desarrollo negativo (en vías de retroceso). Su desarrollo económico está siempre por debajo de su desarrollo económico.

Los problemas de las naciones del quinto mundo y las últimas del cuarto mundo, tienen enormes problemas comunes a todas ellas, a saber: Contaminación exagerada; deforestación masiva; endeudamiento externo, creciendo permanentemente; delincuencia; concentración urbana periférica; desintegración familiar; maras; problemas de salud; educación deficiente en todos los niveles; marginalidad de las grandes mayorías; turismo escaso; débil exportación; salarios congelados; efervescencia social; déficit habitacional enorme y aumentando; estrechez territorial y sobrepoblación; dependencia externa, sumisión a los dictados internacionales, débil infraestructura para soportar desastres; carencia de recursos de investigación y desarrollo, ciencia y tecnología rudimentaria; crimen común y organizado; insuficiencia alimenticia; creciente tolerancia y apoyo al vicio; carencia de cultura nacional; débiles términos de intercambio comercial, baja productividad; ingreso per-cápita bajo y mal distribuido; debilidad de la integración nacional; sector empresarial emproblemado; sub-empleo crónico masivo; pasividad popular y lentitud de toma de conciencia; agricultura primitiva, rutinaria y no mecanizada; deficiencia de infraestructura, ausencia o insuficiencia de cuadros científicos y técnicos; carencia de una regulación del ejercicio profesional; débil capacidad financiera; gran preponderancia del trabajo de menores; sistemas rígidos de estratificación social, frustración, desconfianza en la clase política; encarecimiento constante de los bienes y servicios, imposibilidad de compra de la canasta básica de grandes sectores de la población; corrupción generalizada; sistema judicial inoperante: emigración masiva a los centros urbanos y a países desarrollados, motivados por problemas económicos de subsistencia, asesinatos crecientes; plagas y epidemias; deficiencia alimenticia crónica endémica y aparecimiento del hambre, carencia de medicinas e insumos y muerte por enfermedades curables; violencia institucionalizada.

Independientemente de cuál es nuestra situación personal ¿en qué mundo considera el estimable tele–audiente puede clasificarse nuestro querido país?